Archivador personalizado



Un día encontré en una papelería un archivador muy barato. Solo tenía un inconveniente: la cubierta era horrible. Pero como necesitaba comprar uno para organizar de una vez por todas una serie de papeles amontonados en la mesa y no quería gastar mucho dinero, me lo llevé a casa.

La solución para presumir de archivador bonito era muy sencilla: forrarlo con algún papel bonito. Desempolvé mi colección de papeles y seleccioné los que más me gustaban. Finalmente me decanté por un papel gris liso combinado con uno floreado, como bien podéis ver en la imagen. 

Me resultó difícil encontrar un papel lo suficientemente grande como para cubrir toda la superficie. Así pues utilicé trozos más pequeños pegados uno junto al otro. Hay que tener un poco de paciencia al pegarlo para hacer que casen bien los lados de los papeles, pero el resultado queda bonito.



Una vez pegados los papeles, hay que darle los últimos retoques. El primero es recortar el papel sobrante de los agujeros con una cuchilla (o cúter); el segundo pegar una pequeña puntilla en los laterales de unión.



Para tener bien organizados todos los papeles ya solo quedaba proveerme de unos separadores. Los hice con unos cartones forrados por la parte de atrás con papel de regalo sobrepasando unos centímetros por la parte de delante. Luego añadir el título, según las necesidades.




Bueno, pues esta es mi experiencia personalizando mi material de trabajo. Es muy fácil de hacer y barata, porque aprovechamos los materiales que tenemos por casa. Espero que os haya gustado. ¿Cuál es vuestra experiencia?


Hasta la próxima. 


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